Edición 04 · Septiembre 2026
Hilo
Entre dos mundos: el trabajo invisible de las hijas migrantes
Nudo
Por qué la democracia ya no se siente como antes
Portada — Entretejidas 04
Grietas
Entretejidas
Edición 04 · 2026
entretejidas.org
// Editorial

"Hay grietas que se ven y grietas que no. Las hijas de familias migrantes las cargan en el cuerpo, sin nombre, antes incluso de saber que llevan algo encima. Las democracias las acumulan en silencio, hasta que un día ya no se sienten como antes. Esta edición mira lo que se agrieta cuando nadie lo declara: el trabajo invisible que sostiene a una familia, y la confianza invisible que sostiene a una sociedad."

Martina Hartwig
Socióloga UC · Fundadora Entretejidas
Bienvenidas.
Índice

Esta edición se organiza en dos secciones con nombres tomados del oficio de tejer: Hilo para la columna principal, y Nudo para los artículos de fondo.

01
Hilo
La columna editorial de cada número. Un hilo que da inicio al tejido.
Entre dos mundos: el trabajo invisible de las hijas migrantes
Por Melissa Ergin · Entretejidas
4
02
Nudo
Los artículos centrales. El nudo que sostiene la estructura del tejido.
Por qué la democracia ya no se siente como antes
Por Martina Hartwig · Entretejidas
9
En cartelera: Ensayos de autoritarismo
Redacción Entretejidas
13
01
Sección
Hilo
La columna editorial que abre cada número
HILO

Entre dos
mundos: el
trabajo invisible
de las hijas migrantes

Traducen cartas, llaman a organismos públicos, piden citas médicas, median entre dos idiomas y dos mundos, muchas veces desde que son niñas. Un ensayo sobre el trabajo de cuidado que las hijas de familias migrantes cargan sin nombre.

Entretejidas · Edición 04 Entre dos mundos 04

«¿Puedes llamar un momento?»
«¿Qué dice esta carta?»
«¿Puedes rellenar el formulario?»
«¿Puedes venir conmigo a la cita?»

Son frases cortas. Tan cortas que es fácil no reparar en ellas.

Para muchas hijas de familias migrantes, forman parte de la vida cotidiana. Traducen cartas, llaman a organismos públicos, piden citas médicas, explican contratos, ayudan con solicitudes, cuidan de sus hermanos menores o les explican a sus padres un mundo en el que ellas mismas apenas están aprendiendo a ser adultas.

A veces, ese papel comienza antes incluso de que una entienda que se trata de un papel.

Una está sentada a la mesa de la cocina, quizá todavía con los cuadernos del colegio al lado, y lee en voz alta una carta con palabras que ni siquiera había oído antes. No conoce el significado de todas, pero aun así intenta deducirlo por el contexto y explicárselo a sus padres. Porque preguntan. Porque una domina mejor el idioma. Porque alguien tiene que hacerlo.

Y, en algún momento, ayudar deja de ser un gesto y se convierte en algo que se da por sentado.

Tú eres la que llama.

La que pregunta.

La que entiende.

O, al menos, la que finge entender.

"Quizá esta sea la forma más invisible de este trabajo: que, en algún momento, deja de parecer trabajo porque se ha convertido en parte de la manera en que una entiende el cuidado y el amor."

Entre dos mundos

Muchos hijos de padres migrantes aprenden pronto a moverse entre dos mundos.

En casa se habla un idioma; fuera, otro. Crecer entre dos culturas significa traducir mucho más que palabras. Una aprende pronto que aquello que en casa se da por sentado tiene que explicarse fuera, y que aquello que fuera parece normal a veces primero tiene que traducirse en casa. Una conoce las reglas de ambos mundos. Sabe qué preguntas debe responder fuera y cuáles es mejor no hacer en casa. Puede tratarse de algo tan cotidiano como una excursión escolar, una fiesta de cumpleaños o la primera noche en casa de una amiga. Fuera, quizá la única pregunta sea: «¿Vienes?». En casa comienza un trabajo de traducción completamente distinto. ¿Quién va? ¿Dónde vais a dormir? ¿También habrá chicos? ¿Hasta qué hora os quedáis? ¿Quién te lleva de vuelta a casa? Una no solo les traduce a sus padres adónde quiere ir. Intenta explicarles una normalidad que quizá fue distinta durante su propia juventud. Al mismo tiempo, explica fuera por qué un simple «tengo que preguntarles a mis padres» a veces significa mucho más que un mensaje rápido por WhatsApp. Una no traduce únicamente el idioma. Traduce por qué dos mundos pueden interpretar una misma situación de maneras completamente distintas.

Y, en algún momento, esa labor de traducción deja de limitarse a las propias experiencias. Quien aprende pronto a moverse entre dos mundos suele convertirse también en la persona que ayuda a los demás a orientarse entre ellos.

Vivir entre dos mundos termina convirtiéndose en un papel.

«Tú sabes hacerlo mejor»

Muchas veces ni siquiera es una decisión consciente.

La hija domina mejor el idioma. Se maneja con internet. Entiende los formularios más rápido. Así que se hace cargo. Primero de una carta. Luego de una cita. Después de una solicitud. Y quizá también de la de la tía. O de la del abuelo. O de la de los hermanos menores. Con el tiempo, la capacidad se convierte en responsabilidad. Y la responsabilidad, en expectativa.

«Pregúntale a ella, que sabe de estas cosas».

Quizá sea incluso una frase que provoque cierto orgullo. Porque una se siente necesaria. Porque puede ayudar. Porque nota que su familia confía en ella. Pero sentirse necesaria y sentirse sobrecargada no son cosas incompatibles.

"Las hijas, a veces, cargan por partida doble: con la responsabilidad que nace de vivir entre dos mundos y con aquella que se les atribuye por ser niñas y mujeres."

Melissa Ergin

Puede querer a su familia y, aun así, desear a veces que le permitan ser simplemente la hija.

La situación se vuelve especialmente difícil cuando, de pronto, los asuntos dejan de ser propios de la infancia.

Un informe médico.
Una carta sobre dinero.
Un problema con un organismo público.
Un contrato.
Una mala noticia.

Entonces quizá haya una niña de trece años buscando palabras para cosas que apenas entiende. No traduce solo frases. Traduce el miedo. Intenta convertir información compleja en palabras que tranquilicen a sus padres. Quizá antes busque rápidamente un término en Google. Quizá finja que todo está claro. Y, a veces, nadie se da cuenta de que ella también tiene miedo. En esos momentos, algo se desplaza. Durante un instante, la niña se convierte en adulta.

La mujer adulta

Al hacerse adulta, ese papel no desaparece necesariamente. Solo cambia de forma. La niña que traducía cartas se convierte en la mujer que lee contratos. La adolescente que interpretaba en la consulta médica se convierte en la hija que compara seguros, organiza citas y envía solicitudes. El teléfono suena durante el trabajo. Llega un mensaje en medio de una clase en la universidad.

«¿Puedes echarle un vistazo un momento?»

Ese «momento» puede durar cinco minutos. O media tarde. A veces, lo agotador ni siquiera es la tarea en sí. Es saber que una es la responsable. Que esa llamada probablemente acabará recayendo en una. Que debe resolver problemas que no ha causado. Que se ha convertido en una fuente de seguridad para su propia familia.

Quien aprende pronto que amar también significa asumir responsabilidades, resolver problemas y tener presentes las necesidades de los demás puede trasladar más adelante esa forma de entender los cuidados a otras relaciones. Al fin y al cabo, los patrones que se han vuelto naturales dentro de la familia no desaparecen automáticamente al cruzar sus límites. También pueden reaparecer en la vida amorosa: en el intento de comprender más de la cuenta, de explicar, sostener o encontrar soluciones; a veces incluso allí donde la otra persona debería asumir su propia responsabilidad. Por supuesto, no puede establecerse una relación sencilla de causa y efecto. Las personas, las familias y las relaciones son demasiado complejas para eso. Aun así, cabe preguntarse qué le ocurre a alguien que aprende desde muy joven: si algo no funciona, tú te encargas.

Quizá esta sea la forma más invisible de este trabajo: que, en algún momento, deja de parecer trabajo porque se ha convertido en parte de la manera en que una entiende el cuidado y el amor.

¿Y por qué tantas veces las hijas?

No es casualidad que este trabajo recaiga con frecuencia en las hijas. En muchas familias, las niñas aprenden pronto a estar atentas. A ayudar. A colaborar en la organización. A cuidar de los demás. No solo cuando alguien se lo pide expresamente, sino a percibir de antemano qué hace falta.

También los hijos traducen, acompañan a sus padres a citas y asumen responsabilidades dentro de las familias migrantes. El trabajo invisible no es una experiencia exclusiva de las hijas. Sin embargo, para ellas suele adquirir una dimensión adicional. La responsabilidad que puede surgir de la migración se encuentra con expectativas sociales que existían mucho antes. Hasta hoy, las niñas y las mujeres asumen una gran parte del trabajo relacionado con los cuidados, el hogar y la responsabilidad emocional. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2018), las mujeres realizan el 76,2 % del trabajo de cuidados no remunerado en todo el mundo.

Para las hijas de familias migrantes, estos dos niveles pueden superponerse. Al papel de mediadora lingüística y cultural se suma la expectativa de cuidar, ayudar y asumir responsabilidades por los demás. No se trata, por tanto, de afirmar que los hijos varones no cargan con nada, sino de señalar que las hijas, a veces, cargan por partida doble: con la responsabilidad que nace de vivir entre dos mundos y con aquella que se les atribuye por ser niñas y mujeres.

El amor no vuelve invisible el trabajo

Sería demasiado fácil contar estas historias como un reproche a los padres migrantes. Muchos padres no piden ayuda a sus hijos porque quieran desprenderse de sus responsabilidades. La piden porque los sistemas son complicados. Porque las cartas son difíciles de entender. Porque la persona al otro lado del teléfono pierde la paciencia. Porque quizá ellos mismos llevan años intentando orientarse en un idioma y una sociedad que nunca nadie les explicó por completo. Por eso, la responsabilidad no nace únicamente dentro de la familia. También surge allí donde el apoyo institucional llega a sus límites. Hoy existen servicios de información, asesoramiento e interpretación en varios idiomas. Pero la mera existencia de un servicio todavía no libera a nadie de esa responsabilidad. Alguien tiene que saber que existe. Alguien tiene que averiguar a quién dirigirse, qué requisitos se exigen y cómo se organiza la ayuda.

Y aquí aparece una idea casi contradictoria: ¿qué ocurre cuando precisamente la persona a la que se pretende aliviar tiene que averiguar primero por sí misma cómo funciona ese alivio? ¿Cuando vuelve a ser la hija quien investiga, llama, explica y organiza?

Entonces, hasta la búsqueda de apoyo se convierte en otra tarea dentro de una lista que, en realidad, debería hacerse más corta.

«Lo hago rápido»

Quizá sea precisamente esta frase la que se encuentra en el centro de todo este trabajo.

«Lo hago rápido».

Una frase que se pronuncia antes de leer una carta. Antes de llamar a algún sitio. Antes de pedir una cita. Antes de explicarle algo a alguien. Una lo hace rápido. Y después hace lo siguiente. Y lo siguiente. Hasta que todas esas pequeñas tareas se han convertido en años. Quizá nunca llamaría carga a muchas de ellas. Quizá también recuerde momentos bonitos. La sensación de poder ayudar. Las risas compartidas por una palabra mal pronunciada. El momento en que una se da cuenta de todo lo que sus padres han hecho por ella.

Porque esta historia no habla solo de carga. También habla de cercanía. De lealtad. De unión. De una forma de amor que a veces se expresa atendiendo, al final, esa llamada rápida. Pero el amor y el trabajo no son opuestos. Una tarea no deja de ser trabajo solo porque se haga por las personas a las que se quiere. Y quizá por eso las hijas de familias migrantes no necesiten necesariamente que se les agradezca cada llamada y cada formulario. Quizá baste, para empezar, con ver ese trabajo. Ver que detrás de algunas familias hay una hija que lleva años traduciendo, organizando, mediando y sosteniendo. Una hija que ha aprendido a ser fuerte y digna de confianza. Una hija que aprendió a moverse entre dos mundos antes incluso de saber a cuál de ellos quería pertenecer. A menudo decimos que estas hijas son puentes entre dos mundos.

Fuente: Organización Internacional del Trabajo (2018): El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente. Ginebra: OIT.

"Pero quizá llevemos demasiado tiempo hablando de lo que unen los puentes y demasiado poco de todo lo que sostienen."

Melissa Ergin · Entretejidas Edición 04
// En cartelera · Nudo
Ensayos de
autoritarismo

Tres películas sobre lo fácil que es acostumbrarse a perder libertades, y lo difícil que es después recuperarlas: el espectáculo que mira para el lado, la búsqueda de justicia después del quiebre, y el experimento que muestra qué tan rápido una comunidad puede ceder su libertad a cambio de pertenecer.

Cabaret
Cabaret · 1972

En el Berlín de Weimar, un club nocturno se convierte en el último refugio de libertad mientras el nazismo gana las calles. Un musical sobre cómo el espectáculo y la indiferencia conviven con el ascenso del autoritarismo.

Argentina, 1985
Argentina, 1985 · 2022

La reconstrucción del histórico Juicio a las Juntas, contada desde los fiscales que se atrevieron a llevar a los responsables de la última dictadura ante la justicia. Un recordatorio de lo que cuesta sostener un Estado de derecho.

La ola
Die Welle · 2008

Un profesor alemán organiza un experimento de una semana para explicarles el autoritarismo a sus alumnos. Lo que empieza como una lección termina mostrando lo rápido que una comunidad puede ceder su libertad a cambio de pertenecer.

02
Sección
Nudo
El artículo central de la edición
NUDO

Por qué la
democracia ya
no se siente
como antes

La democracia está bajo una de las mayores presiones desde su adopción masiva en la posguerra. Un ensayo sobre concentración de riqueza, polarización y por qué recuperar la confianza democrática es más urgente que nunca.

Entretejidas · Edición 04 Por qué la democracia ya no se siente como antes 09

La democracia está bajo presión, quizás bajo una de las mayores presiones que ha experimentado desde su adopción masiva luego de la Segunda Guerra Mundial. Y una de las razones fundamentales por la que hemos llegado a este punto resulta como consecuencia de la desilusión general en la ciudadanía de que el sistema democrático no ha sido capaz de dar respuesta a las necesidades y aspiraciones de nuestra generación. Sin embargo, esta incapacidad no es inherente a la democracia, sino que es el producto de varias décadas de ser secuestrada por la política de facciones (party politics), que ha reducido su capacidad para dar respuesta a los movimientos económicos y sociales de este siglo.

"Una de las razones fundamentales por la que hemos llegado a este punto resulta como consecuencia de la desilusión general en la ciudadanía de que el sistema democrático no ha sido capaz de dar respuesta a las necesidades y aspiraciones de nuestra generación."

Pero ¿por qué es tan importante la democracia? Nos encontramos en un punto en que es necesario responder a esta pregunta en lugar de darla por hecho. La democracia no es únicamente, como muchas veces se presenta, el solo ejercicio del voto en elecciones oficiales. En realidad, este sistema consiste en un tejido mucho más complejo y fundamental que es la garantía de las libertades civiles, los derechos individuales y el Estado de derecho, muchos de ellos conseguidos hace menos de un siglo para las mujeres y minorías raciales. Estas garantías protegen no solo la preferencia de las mayorías bajo el ejercicio del voto, sino también la seguridad e integridad de las minorías. Para la ciudadanía en su conjunto, proteger la democracia en su fondo y forma implica la protección frente al castigo arbitrario, la persecución, la libertad de información, disenso, transparencia del Estado y la libertad de asociación. Sin embargo, el goce de estos derechos ha sido rápidamente interferido, afectando inicialmente a minorías migrantes, población LGBTIQ+ y recientemente a mujeres en su aspecto más amplio. De hecho, en 2022 el ritmo de las reformas para garantizar la igualdad de derechos de las mujeres cayó en su nivel más bajo en 20 años (Banco Mundial, 2023).

¿Pero por qué, si la democracia garantiza nuestras libertades civiles y personales, está en peligro? Parece una ironía que el sistema que permite la mayor libertad para disentir y criticar la forma de gobierno sea el que se encuentre en peligro de colapso por sus mismos ciudadanos. Pero las democracias son ruidosas porque permiten y fomentan el debate frente a otros mecanismos de acción que toman decisiones de manera más rápida, pero opaca. Hay múltiples causas por las que las democracias hoy se ven bajo presión, pero hay cuatro que son centrales:

Para comprender los dos primeros puntos de esta discusión, cabe preguntarse: ¿valen todos los votos lo mismo? En teoría, sí. Individualmente, mi voto, el de ustedes como lectores, y el de mis familiares y amigos, tienen el mismo peso en las urnas electorales.

"Las democracias son ruidosas porque permiten y fomentan el debate frente a otros mecanismos de acción que toman decisiones de manera más rápida, pero opaca."

Una economía en forma de K

Uno de los efectos más grandes de la pandemia fue el incremento de la concentración de la riqueza en agentes. En Estados Unidos, la riqueza incrementó de 640 billones de dólares a más de 3.5 trillones de dólares, concentrado principalmente entre las principales empresas tecnológicas y de redes sociales tales como Amazon, JD.com y Pinduoduo (1). Pero esta es una tendencia que comienza mucho antes de la pandemia, con las políticas de Ronald Reagan de 1980 (“Reaganomics”) embarcadas en el esfuerzo por salir de la estanflación de los años 70's luego del boom económico producido durante la Segunda Guerra Mundial. La política consistió en grandes recortes a la recaudación de impuestos, disminución en gasto social, aumento en el gasto militar, recorte de programas ambientales, y la desregulación de los mercados y servicios financieros. La teoría consistía en que la regulación de los mercados y el gasto público del gobierno (puestos en marcha luego de la Gran Depresión de 1929 para evitar otro gran colapso del sistema económico) era una barrera para la operación eficiente de los mercados (4). El efecto fue efectivamente el de un nuevo boom durante los años 80's, acompañado de una privatización considerable de los servicios públicos. En el Reino Unido, por ejemplo, el número de servicios públicos que pasaron a manos privadas fue de alrededor de cuarenta, incluyendo agua, gas, telecomunicaciones y servicios aéreos bajo el gobierno de Thatcher, y el ferrocarril pocos años después, ya bajo la misma corriente de política económica.

Si bien esto no es un problema por sí mismo, los efectos de esta política económica fueron complejos y los sentimos en toda su capacidad hoy. Parte de las consecuencias de esta política fue que la riqueza producida terminó en gran parte en manos de aquellos que ya la concentraban, con una clase media ganando lo mismo que en el período previo a la crisis, y un aumento en los niveles nacionales de pobreza (1). Algo similar se repitió con la crisis subprime de 2008, tras el rescate de los bancos centrales a las empresas de inversión que fueron responsables de la creación de la burbuja económica, entregando más capital para la inversión con el fin de rescatar la economía de un colapso aún mayor, pero sin las mismas consideraciones para aquellos que se encontraban en el mercado laboral (4). La negativa de las empresas para invertir el capital fresco ante un mercado incapaz de comprar sus bienes llevó a invertir en la compra de sus propias acciones, aumentando su valor sin necesariamente reflejarse en un crecimiento correlativo. Este movimiento llevó a agudizar aún más las diferencias económicas sembradas en los años 80.

Peter Atwater ha catalogado esto como una nueva economía en forma de K, donde luego de la pandemia algunas actividades y grupos sociales se han recuperado con rapidez, mientras otros han quedado rezagados con peores niveles de acceso a la salud, educación y renta.

¿Qué tiene que ver esto con la democracia?

Los efectos a mediano plazo de estas políticas han llevado a la creación de una población cada vez más vulnerable, con una clase media disminuida y frágil a la recepción de los discursos de líderes populistas que ofrecen salidas rápidas de la inseguridad creada por sistemas cada vez más complejos e interconectados. En consecuencia, la creación de grandes corporaciones (Big Business) han ganado la capacidad de influir sobre el comportamiento de los partidos políticos, los gobiernos e incluso las elecciones, como fue el caso de la interferencia de Facebook mediante la empresa Cambridge Analytica para incrementar las probabilidades de voto en favor del Brexit en Reino Unido. En este sentido, el crecimiento exponencial del Big Business y su poder monetario ha tenido como consecuencia una capacidad de afectar las economías locales a tal punto que otorga una especie de súper voto y un nivel de influencia que ningún votante individual puede pretender alcanzar. El efecto en bola de nieve de las políticas de los últimos cuarenta años ha generado, rápidamente, entidades demasiado poderosas para que respondan a algún tipo de accountability (3), derivando en sistemas alternativos a nuestro sistema democrático, como las oligocracias, tecnocracias, o, más recientemente, el tecnofeudalismo.

"Estamos viendo la coaptación del sistema democrático desde dentro."

Martina Hartwig

Este, por supuesto, no es el único factor que ha puesto en riesgo a la democracia. A ello hay que añadir la polarización debilitante que ha cruzado a la sociedad restando credibilidad a la eficiencia de los gobiernos; las granjas de bots que han infectado el discurso en las redes sociales y comprometido el debate público, y la creciente atracción hacia modelos autoritarios en Europa y América Latina.

La democracia es un sistema joven, con la imperante necesidad de seguir desarrollándose, cuidando el delicado sistema de balances y chequeos que le permite funcionar. La democracia se siente distinta hoy porque estamos viendo la coaptación del sistema democrático desde dentro, iniciado con la victoria de Donald Trump en 2016, y rompiendo con su sistema interno de balances. Algunos de estos balances son, por ejemplo, la independencia de los poderes del Estado, el respeto al Estado de derecho, y la transparencia en los actores que influyen sobre las decisiones de gobierno.

Las libertades civiles y los derechos individuales de todos y todas nos permiten ser críticos de partidos políticos, gobiernos, organizaciones locales e internacionales. Es lo que nos permite construir diálogos y puentes. La democracia ya no se siente como antes y es necesario recuperarla.

Fuentes

"La democracia ya no se siente como antes y es necesario recuperarla."

Martina Hartwig · Entretejidas Edición 04
// Convocatoria abierta
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Si te mueven las luchas feministas, las resistencias cotidianas o las historias que se tejen desde los márgenes, este espacio también es tuyo. Leemos todo con cariño y atención. Queremos seguir entretejiendo voces diversas.

martina@entretejidas.org
// En esta edición
Colaboradoras
Edición 04 · 2026
Melissa Ergin
Melissa Ergin
Sector público de Viena · Doctoranda en Management and Managerial Economics

Nacida y criada en Viena en una familia de origen turco. Trabaja en el sector público de la ciudad en financiamiento y gestión de salud pública, e inicia un doctorado en Management and Managerial Economics. Estudió Administración de Empresas y Derecho Empresarial en la Universidad de Viena, y ha trabajado tanto en el sector público como en grandes empresas europeas. Le interesan especialmente la migración, la identidad y las desigualdades de género, temas que aborda en este ensayo desde su propia experiencia como hija de familia migrante.

Ensayo: Entre dos mundos: el trabajo invisible de las hijas migrantes
Martina Hartwig
Martina Hartwig
Socióloga UC · Fundadora Entretejidas

Socióloga de la Universidad Católica, Máster en Estudios de Género y Políticas Públicas de la Universidad Complutense de Madrid. Fundadora de Entretejidas, laboratorio feminista para América Latina. Doctoranda en Ciencias Políticas sobre el Retroceso en Políticas Públicas de Género en América Latina.

Análisis: Por qué la democracia ya no se siente como antes
Entretejidas
Edición 04 · 2026
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Mundo hispanohablante

"Hay grietas que se ven y grietas que no."